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Tres poemas de C. P. Cavafis

Actualizado: 7 mar 2021



El dios abandona a Antonio


Cuando de pronto, a medianoche, se oiga

un cortejo invisible que circula

con músicas excelsas, con clamores —

de tu destino que se entrega, de tus obras

que fracasaron, de los proyectos de tu vida

que tan mal te salieron, no te lamentes en vano.

Como dispuesto desde ha tiempo, como un valiente,

dile adiós a ella, a la Alejandría que se va.

Y sobre todo no te engañes, no digas

que fue un sueño, que fue error de tu oído;

nunca aceptes tan vanas esperanzas.

Como dispuesto desde ha tiempo, como un valiente,

como te va a ti que de una ciudad tal has sido digno,

acércate con entereza a la ventana,

y oye con emoción, pero no

con súplicas y quejas de cobarde,

como un último goce los acordes,

los excelsos instrumentos del misterioso cortejo,

y dile adiós a ella, a la Alejandría que tú pierdes.


 

Ítaca


Cuando salgas de viaje para Ítaca,

desea que el camino sea largo,

colmado de aventuras, de experiencias colmado.

A los lestrigones y a los cíclopes,

al irascible Posidón no temas,

pues nunca encuentros tales tendrás en tu camino,

si tu pensamiento se mantiene alto, si una exquisita

emoción te toca cuerpo y alma.

A los lestrigones y a los cíclopes,

al fiero Posidón no encontrarás,

a no ser que los lleves ya en tu alma,

a no ser que tu alma los ponga en pie ante ti.


Desea que el camino sea largo.

Que sean muchas las mañanas estivales

en que —¡y con qué alegre placer!—

entres en puertos que ves por vez primera.

Detente en los mercados fenicios

para adquirir sus bellas mercancías,

madreperlas y nácares, ébanos y ámbares,

y voluptuosos perfumes de todas las clases,

todos los voluptuosos perfumes que te sean posibles.

Y vete a muchas ciudades de Egipto

y aprende, aprende de los sabios.


Mantén siempre a Ítaca en tu mente.

Llegar allí es tu destino.

Pero no tengas la menor prisa en tu viaje.

Es mejor que dure muchos años

y que viejo al fin arribes a la isla,

rico por todas las ganancias de tu viaje,

sin esperar que Ítaca te va a ofrecer riquezas.


Ítaca te ha dado un viaje hermoso.

Sin ella no te habrías puesto en marcha.

Pero no tiene ya más que ofrecerte.


Aunque la encuentres pobre, Ítaca de ti no se ha burlado.

Convertido en tan sabio, y con tanta experiencia,

ya habrás comprendido el significado de las Ítacas.


 

Un joven, del arte de la palabra, a sus 24 años


Como puedas, cerebro, trabaja todavía.

Un goce a medias lo consume.

En enervante situación se halla.

Besa el rostro amado cada día,

están sus manos sobre los más maravillosos miembros.

Jamás ha amado con una pasión

tan grande. Pero le falta la hermosa consumación

del amor; la consumación falta

que por parte de los dos debe darse con anhelada intensidad.


(Por igual no se entregan al placer anómalo los dos.

Solo a él lo ha dominado por completo.)


Y se consume, y está totalmente nervioso.

Además está en paro, y esto le afecta mucho.

Algunas pequeñas cantidades de dinero

con dificultad obtiene en préstamo (casi

las mendiga en ocasiones) y malsubsiste.

Besa los labios adorados; sobre

el maravilloso cuerpo —pero ahora advierte

que tan solo consiente— se va en placer.


Y luego bebe y fuma; bebe y fuma;

y se arrastra por los cafés el día entero;

arrastra con hastío el tormento de su belleza.

Como puedas, cerebro, trabaja todavía.


 

Versiones de Ramón Irigoyen

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